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Mi pareja no quiere hablar de nuestros problemas;
¿Qué puedo hacer?

“No alcanza con saber si aquello que dices o haces es bueno para ti o para mí. Tampoco si aquello que digo o hago es bueno para mí. Habría que preguntarse si es bueno para la relación, si la nutre, contribuye a construirla o, por lo contrario, la maltrata o amenaza” (Claudio Des Champs, “El baile de la pareja”, 2007).

Resulta muy frustrante cuando para ti existe un problema que afecta a la relación, tu pareja no quiere hablarlo y evita constantemente el tema. Inevitablemente esta circunstancia afecta a la relación y en función de la importancia del tema que estamos evitando y no resolviendo, la pareja se irá deteriorando e instalando en el conflicto o en el silencio y la evitación.

En este post vamos a explorar algunos aspectos importantes que es bueno tener en cuenta antes de afrontar la siguiente conversación con tu pareja y que tienen como objetivo generar un clima que fomente la comunicación en pro de la pareja.

¿Cómo enfocar la relación de pareja?

Antes de comenzar a abordar la problemática en concreto, me parece fundamental replantearnos desde dónde partimos, qué es para ti una relación o qué esperas de tu pareja. La respuesta a estas preguntas y la forma que tengas de entender vuestra relación marcará el cómo afrontas todos los retos a los que os tenéis que enfrentar.

Desde la perspectiva sistémica hablamos de la pareja como un tercero. Como has podido leer, cuando se refiere a una relación de pareja, Claudio Des Champs habla de no mirar por los intereses individuales sino por el bien de la pareja, ¿qué significa esto? Para comprender este modo de enfocar las relaciones, que quizá nunca te habías planteado, debemos considerar la relación como una construcción de ambos, y como toda construcción necesita un proceso de creación, pero también de mantenimiento y de reforma en ciertos momentos.

¿Construirías una casa sin cimientos? O una vez construida, ¿dejarías de atenderla, pero seguirías pretendiendo que estuviera siempre limpia y reluciente? ¿Cambiarías la distribución si lo necesitarais por necesidades familiares? ¿Repondríais algo que se ha roto? Y, ¿Reforzarías los cimientos tras años de su construcción?
Pues bien, con las relaciones ocurre lo mismo. No se sustentan ni se mantienen por arte de magia, es necesario trabajar en la relación y para la relación y esta labor es responsabilidad de ambos.

Sea cual sea el punto en el que se encuentre vuestra relación, es importante ir adquiriendo este planteamiento, pues ayudará en cualquier situación a la que os vayáis enfrentando.

Cómo abordar el conflicto de pareja

En concreto, vamos a tratar de afrontar desde esta perspectiva un problema, muy frecuente en consulta: “mi pareja no quiere hablar de nuestros problemas”. Si te encuentras ante esta situación es necesario plantearse ciertas cuestiones para replantearnos cómo estamos enfocando el problema. 

¿Ha habido algún momento en el que sí habéis sabido o podido resolver los problemas? ¿Qué sí os ha servido? 

Cuando se lleva una temporada en el conflicto resulta más complicado ver las cosas con claridad y es frecuente gestionarlas más desde la emoción, la discusión, el reproche y el silencio. Si sois una pareja que lleva ya un tiempo de relación, tomate un tiempo para pensar en conflictos que habéis resuelto bien y cómo lo hicisteis. Hay que recuperar lo que sí ha funcionado alguna vez. 

¿Esta problemática es algo actual?, ¿desde cuándo está presente? 

Es importante valorar si se trata de una problemática puntual, por no saber como pareja afrontar un determinado problema o si por lo contrario es algo que arrastráis en vuestra historia. 

Trata de identificar si el problema radica en que no quiere hablar de nada relacionado con la pareja o su silencio está relacionado con un tema en concreto que le incomoda. Esto te ayudará a saber cómo afrontarlo. En muchas ocasiones, hay ciertos temas que nos incomodan, nos da miedo poner encima de la mesa o simplemente no sabemos por dónde empezar. Si crees que esto es lo que está sucediendo, házselo saber. 

Valida, normaliza y busca alternativas con frases como:

  • “Entiendo que este tema resulte incómodo de sacar, para mi tampoco es fácil. Juntos podremos afrontarlo mejor”.
  • “Me da la sensación de que para ti este tema es incómodo o te genera angustia, ¿es así?”.
  • “¿Qué necesitas para hablar sobre este tema?”.
  • “Yo estoy disponible para hablar de ello y lo necesitamos como pareja. Cuando estés preparado podemos retomarlo”. 

Si por lo contrario detectas que este es un problema recurrente y la respuesta al punto anterior es que nunca habéis sabido negociar y gestionar el enfado, es momento de recordar que la relación hay que trabajarla e ir adquiriendo herramientas, entre otras cosas para resolver desacuerdos. Como todo en la vida debe aprenderse y entrenarse, ir adquiriendo y sumando herramientas que ya tendréis para siempre. Cuantos más recursos, mayor fortaleza para la relación. Un terapeuta de pareja puede ayudaros a adquirir como equipo algunas de ellas, que formarán parte de los cimientos de la construcción que antes mencionaba.

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Mi pareja evita la conversación, ¿qué hago?

Obsérvate, toma conciencia de cómo estás afrontando tú los conflictos. 

Es importante tener en cuenta que ambos tenéis responsabilidad en la gestión del conflicto, por lo tanto, cuestiónate el modo en el que estás llevando a cabo esas invitaciones para hablar. Como he indicado anteriormente, cuando se lleva una época conviviendo con el conflicto tendemos a comunicarnos de forma más agresiva, cuestionadora o desde el reproche y búsqueda de culpables. Todo lo anterior, ¿invita a iniciar una conversación? 

Si comenzamos a entender la pareja como una construcción que es responsabilidad de ambos y que todo lo que hagamos va a tener consecuencias sobre LA RELACIÓN, entenderemos que estos modos de comunicación la debilitan, no la fortalecen. 

Por lo tanto, pregúntate si el modo de afrontar que estás teniendo, fortalece o va en contra de vuestra relación.

 

Antes de iniciar cualquier conversación, ¿Qué quiero conseguir?

Este punto tiene mucho que ver con el anterior. Las discusiones desgastan mucho y cuando son muy constantes se puede generar el pensamiento en alguno de los dos de “no sirve de nada hablar”.  Te recomiendo que no “quemes oportunidades”, pues cada discusión que no resuelve desgasta. Tomarte un momento antes de iniciar un nuevo intento te permitirá plantearte qué quieres lograr, qué te gustaría tratar, ¿qué quieres que cuente la pareja de esa conversación? ¿Qué queremos, lograr tener la razón de modo individual o nutrir la pareja? 

Si nuestro objetivo es en pro de la pareja, tenemos que hacer un esfuerzo y dejar aparcadas todas las armas que impliquen reproche, culpa, orgullo…etc., todas estas desgastan a la pareja, no la fortalecen. Vuelve al punto 2 e inicia una conversación desde una posición de amabilidad y asertividad.

 

Evitar los mensajes “es que tu” y “es que yo” 

Es muy importante ser conscientes del tipo de comunicación que empleamos a la hora de afrontar el conflicto con nuestra pareja. Es posible que sin darnos cuenta caigamos en mensajes tipo “es que tu nunca quieres hablar”; “es que siempre tengo que encargarme yo de todo”. Eliminar esta forma de iniciar las frases te alejará de los mensajes de culpabilidad y reproche. 

 

Centrarte en los mensajes “Yo”

Antes he nombrado la asertividad, la clave es lograr expresar lo que para ti es un problema y lo que estás sintiendo, sin atacar a tu pareja y respetando que él tiene su postura, a partir de aquí podréis construir. 

 

Y, ¿qué ocurre si he hecho todo lo anterior y mi pareja lo sigue evitando?

Mi recomendación es que acudas a terapia de pareja. Si esto está ocurriendo probablemente tu pareja decline acudir contigo. Sin embargo, mi recomendación es que contactes con un terapeuta de pareja. Podremos evaluar la situación e ir generando contigo pequeños cambios con el objetivo de que acabe acudiendo. 

Retomo el concepto de responsabilidad, es importante comprender que si os encontráis en ese punto tú también tienes responsabilidad en que esto se mantenga. Es decir, ¿estás dispuesta/o a mantenerte en esta situación? ¿te sirve? Tú no puedes obligar a la otra persona a que haga algo que no quiere, pero si tienes libertad de, dadas las circunstancias, decidir en qué tipo de relación quieres estar y cómo vas a responder a la situación. 

Mi pareja no quiere hablar de nuestros problemas

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